Humanidades Opinión 

PABLO WEHBE*

Libia, el dolor de la sinrazón

El doctor en relaciones internacionales e investigador de la Universidad de Río Cuarto analiza la crisis en el Magreb, en la que avizora una “guerra civil prolongada” y advierte que una intervención de occidente debilitaría la causa opositora ante el pueblo libio.


Pablo Wehbe (Especial para Agencia CTyS) - En los últimos días, la cambiante realidad de Libia ha hecho que muchos trabajos a punto de ser publicados debieran ser rehechos o, directamente, archivados. Es que nadie contaba con varios elementos que, inclusive, parecen haber sorprendido a Europa y a Estados Unidos.


La firme vocación de Muamar Kadafi de permanecer aferrado al poder echando mano a todas las herramientas posibles; la falta absoluta de preparación militar de la insurgencia, que logró sorprender con avances y amplio apoyo popular, pero se muestran incapaces de mantener las posiciones obtenidas; y la ya crónica incapacidad de los Organismos Internacionales –incluida la Unión Europea- para hacer frente a situaciones críticas que afecten a los Derechos Humanos, no dejan avizorar un horizonte aparente, ni siquiera a los analistas más intuitivos alrededor de todo el globo.


Cuando la comunidad internacional –seguramente inducida por aspirantes a intérpretes del llamado Oriente Medio- pensaba que la caída de Kadafi era cuestión de días, se sorprendió al ver que el paso del tiempo, en lugar de desgastar al dictador, jugaba en contra de la insurgencia; efectivamente, al tiempo de ver que con rapidez se obtienen plazas fuertes –puertos y ciudades clave para la exportación petrolera-, se evidenciaba una creciente incapacidad para avanzar hacia la capital, Trípoli, mientras la desorganización dejaba al desnudo que las buenas intenciones no alcanzan para derrocar a un tirano.


Párrafo aparte para la actitud de Estados Unidos y Europa: la potencia americana advirtió a través de una serie de funcionarios que “todas las alternativas están sobre la mesa” (preocupante frase que recuerda la de los funcionarios de George Bush). O sea, el Gobierno de Washington declaró que lo único que podía hacer era lo único que sabía hacer (y mal): el ataque militar. ¿Por qué se dice esto? Porque un ataque militar a Kadafi, lejos de fortalecer la causa opositora, la debilitaría ante su propio pueblo, que precisamente vería con malos ojos el “intervencionismo” norteamericano, el mismo que repudiaron en los ataques anteriores a Irak y Afganistán.


Asimismo, la pretendida “zona de exclusión aérea” que los europeos piden, sería también contraproducente porque no sería tan sencillo de ejecutar, al tiempo que permitirían que Kadafi continuara con estrategias de avasallamiento terrestre que es precisamente el que más daño está haciendo a los civiles.


O sea, nuevamente Occidente se encierra en el atolladero de sus crónicas dudas e inseguridades respecto de los problemas de Medio Oriente. ¿Cuáles podrían ser los acontecimientos venideros? La política y la adivinación no se llevan bien, además de ser muy poco seria ésta última; lo que se cree es que Kadafi ha logrado ganar un tiempo precioso y acorraló a una oposición sin víveres y sin disciplina, que a la menor muestra de avance leal huye en desbandada, quedándole como única herramienta la “guerra de guerrillas”, en una geografía de por sí no muy apta para ello.


Es probable que en las próximas horas, el coronel Kadafi termine de acorralar a la oposición, condenándola directamente a una muerte segura; es más que probable, también, que un amplio sector de la población ahora esté en condiciones de pretender volver a probar suerte contra el dictador de otras maneras (incluyendo la cooptación de sectores medios del Ejército), lo que permitiría avizorar un escenario de guerra civil prolongada, con un mayor endurecimiento del Estado libio.


¿Por qué no sería positiva una invasión o ataque occidental? Porque se acrecentarían los fantasmas que precisamente han alejado a esa cultura de la nuestra, esto es, la lectura que se hace de la constante pretensión occidental de avasallarlos, de imponerles parámetros y valores reñidos con su historia y sus creencias.


Además, el mandatario que surgiera de un ataque extranjero sería visto por sus pares de la región como otro títere de Estados Unidos de América, cuando precisamente lo que el pueblo libio está cuestionando –en gran parte-, es el desvío de los objetivos de la Revolución a partir de los ’90, precisamente cuando el líder “amado por su pueblo” se acercó a Estados Unidos e Israel, y prefirió parecerse más al patético Berlusconi que al Nasser que pretendió alguna vez emular.



*Pablo Wehbe es Doctor en Relaciones Internacionales y Coordinador del Ateneo de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Fecha de Publicación: 2011-03-10
Fuente: CTyS