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DOMINGO LIOTTA*

“Si Perón hubiese vivido un año más, con los avances farmacológicos que surgieron, habría vivido mucho más”

El reconocido cardiólogo recuerda su máxima creación, el corazón artificial, y rememora su relación médico paciente con Juan Domingo Perón, quien estuvo enfermo en un momento “bisagra” de la cardiología.

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Roxana Salguero (Agencia CTyS) - A los 88 años, Domingo Liotta sigue investigando y dictando clases en la Universidad de Morón. En una entrevista con la Agencia CTyS describe a Perón como “cuidadoso, previsor y visionario”. Además, analiza la evolución de medicina cardiológica en la Argentina y destaca el capital humano que trabaja tanto en el área de la investigación como en el sector de Salud.

¿Cómo fue su experiencia como médico del Presidente Juan Domingo Perón?
El general Perón, lamentablemente, estuvo enfermo en un momento “bisagra” de la cardiología. Justo antes del avance farmacológico. Si Perón hubiese vivido un año más, con los avances farmacológicos que surgieron, habría vivido mucho más. En esos años aparecieron remedios que son un arsenal importantísimo para los pacientes cardiacos.
 
¿Era un paciente difícil?
Casi todos los presidentes son difíciles. Yo lo quería llevar a los Estados Unidos, pero él no quiso. En esa época en Argentina solo se contaba con electrocardiogramas y placas. En cambio, en Houston, comenzaban a utilizarse los ecocardiogramas y los estudios de hemodinámica. El quería irse a Puerta de Hierro (España), me pedía autorización médica. Me decía que allí se iba a mejorar.
 
¿Cómo llegó a ser Secretario de Salud de su tercer mandato como Presidente?
El mayo de 1973 yo estaba en mi casa en Diamante, Entre Ríos, y me llamó desde Madrid. Me dijo ´Quiero que se contacte con Cámpora para que esté a cargo de la Secretaría de Salud de la Nación´. Yo lo conocía desde que residía en Madrid. Le respondí que estaba muy ocupado. Soy un médico de práctica médica, no estoy con las estadísticas, pero me insistió tanto. Quedamos en que iba a asumir provisoriamente, por tres meses, y después decidiría.
 
¿Recuerda alguna anécdota de Perón que dé cuenta su personalidad?
Era muy especial. Le gustaba mucho ensayar, hacer pruebas acerca de las reacciones que se producirían sobre ciertos temas. Recuerdo que en las Bases para una Reforma Sanitaria en la Argentina, primero me hizo presentar el tema en Misiones; después, se trató con las comisiones parlamentarias. Además, me pidió que lo hablara con Ricardo Balbín y  con Aldo Neri (que estuvo a cargo de la cartera de Salud en la gestión de Alfonsín) para consensuar. Tenía una enorme capacidad y sutileza política. Cuando todo estaba listo para presentar el proyecto al Congreso, antes, quiso que lo presentara en la Comisión de Salud de Ginebra y luego en Israel. Cuando tuvo respaldo local, aceptación radical y una buena reacción en el exterior, recién quiso que ingrese al Parlamento. Era muy cuidadoso y previsor, especialmente, por los intereses que se suscitan en los temas vinculados a la salud. Era un visionario. En aquellos años avizoraba e insistía en que el futuro estaba en el Oriente: en China, Corea y Japón.

El 4 de abril de 1969, junto al Dr. Denton Cooley, realizó en el Hospital de Houston el primer trasplante con un corazón artificial total. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Durante los años que estuve en los Estados Unidos, desarrollamos muchos avances importantes en las cirugías cardíacas y en la asistencia cardiocirculatoria. Se trabajó en casos extremos refractarios, tanto para el uso clínico como el quirúrgico. Es decir, para los casos en que no había remedios que se les pudiera suministrar. Con anterioridad, en Universidad Baylor, también en Houston,  Texas, cuando me incorporé al Departamento de Cirugía Cardiovascular del doctor Michael De Bakey, se realizó la primer Asistencia Cardiocirculatoria (LVASs) con ventrículo artificial. Allí, que se utilizó en el tratamiento de Insuficiencia Cardiaca (IC) irreversible. Hasta que se, finalmente, se llevó a cabo el primer implante clínico en la historia de la medicina,  con una bomba intratorácica, pero en el Hospital Metodista de Houston.
 
¿Qué impacto tuvo en la sociedad?
Los conflictos que se suscitaron en Occidente —especialmente entre los creyentes católicos— ante la creación de un corazón artificial fueron muchos. Tuve que exponer ante una docena de cardenales, entre ellos el prelado argentino Eduardo Pironio,  los Papas Juan XXII y Pablo VI. Tenía que quedar bien claro el concepto de “muerte cerebral” que aún no se había generalizado.
 
Y en otros países ¿cómo se abordó el tema de la muerte cerebral? 
En Oriente, la situación no fue más sencilla. Por aquellos años, en China no se produjeron inconvenientes, se trataba de una comunidad más elástica e incorporó con facilidad el concepto de muerte cerebral. Sin embargo, en Japón, la tarea resultó mucho más compleja. Junto al doctor  Jerry Wada, se tuvo que trabajar muchísimo para que el tema quedase bien asentado. En muchas civilizaciones ya se habían realizado operaciones quirúrgicas. Sin ir más lejos, en el Código de Hammurabi, en Babilonia del año 1750 A. C. se describe los procedimientos para operar a ciegos por cataratas. Tenían lancetas especiales —no pinzas—para sacar el cristalino enfermo, pero en ese entonces, no le ponían otro lente o cristal. Simplemente lo hundían en la cámara posterior del globo ocular.  
 
¿Cuáles son los avances más importantes, que considera, de los últimos cincuenta años?
La farmacología, los avances en asistencia cardiorrespiratoria y, sin lugar a dudas, la gran potencialidad de las células madre. Actualmente, en el Hospital Presidente Juan Domingo Perón de Avellaneda, el doctor Nannini, está trabajando mucho con células madre en pacientes. El capital humano, en investigación, es muy bueno.  

¿Qué expectativas tiene para el futuro, en el campo de la cardiología?

¡Enormes! Por ejemplo, la circulación mecánica. Hay aproximadamente treinta laboratorios —de alta calidad—  en el mundo que trabajan para construir unidades clínicas de  ventrículos con flujo continuo. Además están los extraordinarios progresos con las células madre. Desde la parte farmacológica, especialmente, casi todos los días se descubren drogas y formulas nuevas. La cardiología tiene un futuro brillante, como el campo de  las neurociencias. Recuerdo, en los años setenta, cuando Chu-en Lai, Primer Ministro de  Mao Tse Tung y que en realidad manejaba todo, en la Casa de Gobierno de la República Popular China, me dijo “brindo por esta comisión de médicos argentinos que tienen un futuro sin fin.”

¿Qué evaluación hace de la cardiología en la Argentina?
Es de altibajos, debido a crisis económicas y políticas. Hay profesionales muy capaces en el ámbito de la cardiología. Sin embargo, en los últimos años, se está tratando de revertir esa situación. Esto se puede apreciar en los hospitales públicos, especialmente, en las complejas cirugías que se realizan a diario, especialmente, en las denominadas invasivas.  Por ejemplo, en el Oeste del Conurbano la labor que se lleva a cabo en el Hospital Ramón Carrillo de Ciudadela, que depende del Ministerio de Salud Pública de la  Provincia de Buenos Aires.
 
Y en ese contexto ¿Cuál es el rol de las universidades?
Además de su función específica en la enseñanza superior  tienen una responsabilidad social muy importante. Deben obligatoriamente producir un fuerte impacto en la comunidad. Se debe tener siempre presente este aspecto: la importancia de la extensión con la comunidad, especialmente en temas médicos. Esto también se les debe inculcar a los jóvenes estudiantes, de los años superiores.

A los 88 años Ud. sigue dando clases en la Universidad de Morón. ¿También continúa investigando?
Sí, soy Profesor Titular Emérito  de Anatomía Clínica. También se debe dar el ejemplo ético del médico  en su práctica, inculcarles  que la medicina moderna no es sólo una “empresa tecnológica”, es por sobre todo una “empresa moral”. Trato de no influir en ellos, de que trabajen e investiguen en el área donde se sientan más cómodos y con los temas que les agraden.
 
* Domingo Santo Liotta  patentó doce  invenciones en Argentina, Estados Unidos y Francia. La mayoría de ellas son dispositivos de asistencia mecánica cardiológica, entre las que se destacan el Ventrículo Izquierdo Artificial intratorácico (LVAD) y el  primer corazón artificial total. Actualmente trabaja activamente en la búsqueda y el desarrollo de nuevos modelos de dispositivos de asistencia médica. Es  Investigador Superior del CONICET y Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Morón. Además, es miembro de numerosas sociedades médicas de diversas partes del mundo.

Fecha de Publicación: 2012-10-01
Fuente: CTyS