Humanidades Opinión 

CRÍTICA AL MODELO DE ACUMULACIÓN VIGENTE

Análisis socio-político sobre megaminería y extractivismo

El investigador del CONICET y docente de la UNQ, Guido Galafassi, reflexiona acerca de una problemática que cobró mayor relevancia a raíz del conflicto en Famatina y considera que “solo a partir de un cambio más radical en lo social, económico y político se podría detener el proceso de devastación”.


Guido Galafassi* (Especial para Agencia CTyS) - Siendo América Latina un territorio con una larga historia en minería, fundamentalmente la de socavón, en los últimos años, sin embargo, se ha renovado esta explotación de recursos no renovables a través de la llamada megaminería a cielo abierto, que tiene fuertes impactos ambientales, territoriales y socio-culturales en las áreas en las que se instala. Las ciencias naturales vienen realizando fundamentales aportes en la demostración del daño que esta forma extractiva genera. Pero además, infinidad de pueblos, organizaciones, movimientos y asambleas se han venido oponiendo a estas explotaciones considerándolas como nuevas o renovadas formas de saqueo y despojo, generándose entonces toda una seria de conflictos, protestas y revueltas en contra de las empresas y los gobiernos que promueven el renovado extractivismo.

Desde hace algunos pocos años, la dimensión económica y socio-política también ha comenzado a ser eje de reflexión desde el mundo académico-intelectual luego de que esta larga y variada serie de procesos de movilización social llamara la atención sobre la cuestión. Varias voces se vienen alzando de manera crítica advirtiendo sobre ciertas características de estos “falsos” procesos de desarrollo y sobre los mitos de “progreso” que se construyen a su alrededor. Sin embargo, buena parte de estas críticas, originadas casi todas en los propios movimientos sociales para ser luego apropiadas desde lo académico, advierten solo sobre los aspectos más fácilmente visibles dejando a un lado las razones más profundas relativas al nuevo fenómeno de la megaminería, en tanto expresión de un ya viejo proceso en el cual el capital avanza en forma permanente sobre los espacios y la población para aplicar su razón de ser: explotación de los hombres, la naturaleza y el territorio. Las consecuencias socio-políticas de una mirada u otra son fácilmente apreciables. Mientras que en un caso con sanciones o, en el mejor de los casos, reformas legales y políticas (que mejoren la ecuación impositivo-financiera o aumente los controles) se podrían alivianar las consecuencias más superficiales y visibles (dejando intactas las causas más profundas del desarrollo desigual, desintegrador y generador de injusticia social), en un segundo caso solo a partir de un cambio más radical en lo social, económico y político se podría detener el proceso de devastación, que se da no sólo a través de la megaminería sino que se multiplica en la diversidad de estrategias productivas que tienen en cuenta en forma casi excluyente la maximización de las ganancias (más allá de la belleza de los discursos y publicidades con que se vistan) en lugar de las necesidades reales de los seres humanos.


Es la totalidad dialéctica aquella a la cual se apela en el segundo caso y justamente aquella olvidada en el primero. Esto segundo implicará analizar la estructura y red de empresas de megaminería (y otras actividades extractivas y productivas) y su conexión profunda con estructuras de gobierno en sus diversos niveles; identificar las estrategias de construcción de hegemonía desde el Estado y las mismas empresas con el objetivo de lograr imponerse con la menor resistencia social posible; desentrañar la diversa y multifacética trama de fundaciones y ONGs que bajo discursos de “desarrollo sustentable” construyen alternativas “B” para el saqueo que sean cosméticamente más digeribles, lo que incluye toda una serie de mecanismos de creación y promoción de líderes ciudadanos que las lleven adelante; descubrir las iniciativas políticas y legales que promueven por un lado “zonas de protección” para al mismo tiempo definir “zonas de exclusión” en las cuales la megaminería se podría llevar a cabo sin ninguna restricción; identificar los procesos de penalización en donde solo las conductas personales puedan ser juzgadas dejando intacto las reglas generales del despojo; estudiar los mecanismos de violencia física asociados a la ocupación del territorio; y por sobre todo, promover la discusión teórica que lleve a pensar de una manera más dialéctica y profunda el proceso de despojo y nuevos cercamientos como solo variantes del modo de acumulación general vigente, poniendo entonces en debate las lógicas desarrollistas ya sea en su expresión neoliberal o neopopulista.


*Guido Galafassi es Doctor en Antropología, Especialista en Cooperación y Desarrollo y Licenciado en Ecología; investigador del CONICET y docente en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Es director de la Revista y Red Internacional de Investigadores “Theomai” (http://theomai.unq.edu.ar).


*Las expresiones vertidas en este artículo corren por cuenta del autor y no representan la opinión institucional del CONICET.


Fecha de Publicación: 2012-01-27
Fuente: Agencia CTyS